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21-08-2019 08:48

La riograndense Agustina Piaggio se consagró como campeona mundial de Tango

La distancia entre Río Grande, Tierra del Fuego, donde nació Agustina Piaggio, y Moscú, donde vivió buena parte de su vida Maksim Gerasimov, es de casi 15.500 kilómetros. Que llegaran a convertirse en los campeones de baile del certamen más popular de Buenos Aires no fue gracias una promo de pasajes aéreos sino por la pasión que este par de millennials de 28 años tiene por el tango.

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Este martes por la noche se consagraron campeones de la categoría Tango Pista de la edición 2019 del Festival y Mundial Tango Buenos Aires, que, como cada año, se realizó en el Luna Park. Auténtico ritual porteño, la final de este certamen es una fiesta de los milongueros, aunque las competición, a estas alturas, tenga más presencia de bailarines que se dedican a la actividad profesionalmente que de manera amateur, resume el diario La Nación.

 

Detrás de Agustina y Maksim quedó una pareja de los pagos de Choele Choel, Río Negro (Diego Chandia y Suyay Quiroga), y en el tercer lugar dos rusos (Dimitri Astafev e Irina Ponomareva). El mundial tocó este año el techo de su convocatoria con 744 parejas inscriptas para la categoría de Pista celebrada anoche, y la de Escenario, que coronará a una nueva pareja hoy, luego de la última ronda de evaluación.

 

Agustina se enamoró del tango a los 15; su danza era una de las materias del Centro Polivalente de Arte, en Río Grande. Fueguina de espíritu viajero, se fue a vivir a Buenos Aires y cuando se convirtió en docente de tango encontró una oportunidad de trabajo en Japón y hacia allí partió.

 

Maksim se dedicó al ballroom, esa danza competitiva e internacional que se desarrolla sobre la base de cinco o seis estilos bailables. Pero las coreografías no lo atraían demasiado. Cuando conoció el tango abandonó los certámenes de ballroom y se dedicó a la danza porteña al ciento por ciento. No fue el amor sino Roma lo que se cruzó en su camino. Porque no son pareja en la vida cotidiana pero sí, desde hace casi tres años, en la pista de baile.

 

El estudio y la enseñanza del tango los hizo coincidir en aquella ciudad italiana. En ese momento los dos habían perdido a sus parejas de baile y decidieron salir a la pista juntos. ¿Cómo resultó? "Espectacular", decía Agustina, después de poner el último pie fuera del escenario del Luna Park, con su premio en la mano y una sonrisa de oreja a oreja. "Mucho mejor", agregaba Maksim, con su modesto español que balbucea entremezclado con algunas palabras en inglés.

 

Pero aquello fue apenas una presentación. Debieron pasar varios meses para que Agustina hiciera las valijas y viajara desde Tokio a Moscú para instalarse allí por un tiempo y desarrollar un proyecto profesional con Maksim que, evidentemente, dio muy buenos frutos con el premio del Mundial. Minutos antes, sobre el escenario y con el micrófono en la mano Maksim mandaba saludos a su esposa y Agustina pensaba en ordenar su agenda, que tendrá en los próximos días un viaje fugaz a Tierra del Fuego, para visitar a la familia.

 

"Maksim vuelve a Moscú, para encontrarse con Natasha -resume Agustina-. Y nosotros quizás volvamos a vernos recién dentro de un mes. Somos amigos, compañeros de baile y vamos a ver qué viene después de este premio. Estamos felices".

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