Reforma laboral
“Esta Ley tiene una profunda saña hacia los trabajadores”
En esta línea, criticó con dureza el nuevo sistema de licencias por enfermedad, al que calificó como “una hijaputez”: “Si yo me engripo no tiene relación con el trabajo. Con esta reforma, si tuvieras una enfermedad o accidente que fuera producto de una actividad voluntaria y consciente del trabajador, como ir al cerro, te van a pagar el 50% del sueldo. Si no fuera producto de una actividad voluntaria y consciente, como agarrarse un cáncer, van a pagar el 75% por 3 meses si no tenés hijos y 6 meses si los tenés”.
“Esto es una barbaridad de una hijaputez tan grande que no sé cómo tomarla. Entiendo que al empleador no le guste pagarle el sueldo a alguien que no trabaja porque está enfermo. Bueno, que se lo pague el Estado. Lo que no se puede hacer es pagarle el sueldo a alguien porque se enferma ¿Sabés qué va a pasar? Va a ir a trabajar enfermo. Va a ser peor el remedio que la enfermedad”, denunció.
Además, se suma que “ahora tendrás la obligación de presentar un certificado médico. Hoy tenés la obligación de avisar que no vas a trabajar y someterte al control de ausentismo del empleador. No tiene la obligación del certificado, porque a nadie le importa si tiene hemorroides o si tiene candidiasis. Sólo lo debe saber el doctor que lo controle. Es una cuestión de dignidad humana”.
“Luego empezamos con esto de ‘no entiendo el diagnóstico’ o ‘la firma está en azul y el resto en negro’. No sólo debe ser el certificado, sino el tratamiento, la cantidad de horas de reposo, ser emitidos por médicos habilitados y firmados digitalmente”.
Si bien el letrado reconoció que “la Ley de Contrato de Trabajo no responde con fidelidad a nuestro modelo de producción actual. La Ley estaba pensada para un modelo de producción netamente industrial, que hoy no se da netamente. Quizás hacían falta algunos cambios. Ahora, llamarle a esto que votaron modernización laboral me resulta insincero, por no decir deshonesto”.
Sobre el tan mencionado banco de horas, que llegaría en reemplazo al pago de horas extras, alertó: “Un caso que se da muchísimo es la familia monoparental en la que la mujer es el único sostén. Ella ya tiene su jornada pactada. Sabe que entra a las 8 y se va a las 16, y a partir de eso inicia el viaje a actividades extraescolares o va ella a una capacitación. Con el banco de horas eso se termina, porque el empleador te dirá ‘te quedás dos horas más y después te las tomás’ ¿Quién lleva al nene?”
También cuestionó los dichos oficialistas que se amparan en una “negociación entre iguales” entre empleador y empleado: “¿Y si el trabajador no está de acuerdo? Todo tiene que ver con todo. Uno de los artículos más garantistas de la Ley de Contrato de Trabajo era el 66. Se llama Ius Varianti. Como el empleador tiene las facultades de dirección y organización de la empresa, tiene la facultad de modificar las formas y la modalidad de trabajo. Está facultado para introducir los cambios en las formas y prestaciones del trabajo, siempre y cuando no alteren modalidades esenciales del contrato, ni causen perjuicio al trabajador”.
Y explicó: “En la Ley actual puedo generar una acción de restablecimiento de las condiciones, por ejemplo, si me cambian el horario de trabajo y yo tengo otro. Puedo accionar para que me reestablezcan. Con este proyecto, el perjuicio tiene que ser material, no puede ser, por ejemplo, si yo dejé de estudiar. Después dice que cuando el empleador disponga medidas al trabajador, previa intimación y si fuese desoída, le existirá la posibilidad de considerarse despedido y sin causa. Es decir ‘te voy a cambiar la jornada, y si no te gusta, te vas’”.
Asimismo, manifestó: “La senadora Bullrich dijo que se trataba de equilibrar un sistema desequilibrado. El derecho del trabajo nace para esto. El empleador hace lo que quiere con su capital. Si quiere usarlo para producir, lo usa. Si no, lo juega todo al loto. El trabajador no puede elegir no trabajar, porque si no lo hace se muere de hambre. Eso hace que su voluntad no sea plena, porque a la hora de negociar su libertad se ve acotada, porque necesita el trabajo para comer. No se puede hablar de igualdad”.
Vidal Oliver expuso que “el derecho de trabajo se funda en el derecho protectorio. Lo dice la Constitución Nacional. El Artículo 14 bis dice que el trabajo gozará de la protección de las leyes, las que garantizarán al trabajador todo lo que viene después, no al empleador ¿Realmente alguien puede sostener que el trabajador y el empleador son iguales? No es serio”.
También tiró por el suelo el mito de la “industria del juicio” y aseveró: “Si tomás la cantidad de juicios que se llevan adelante contra la cantidad de trabajadores registrados, no llegás al 2% ¿Dónde está la industria del juicio? Será la industria del incumplimiento, que es otra cosa. Cuando sacan las multas, que en realidad eran indemnizaciones, por trabajo en negro, no hubo mayor regularización de registro. Están bien con la gente en negro”.
“El trabajador en negro tiene todos los derechos, pero se le hará más cuesta arriba vivir o ejercer esos derechos. Por ejemplo, porque no tendrá obra social, ni podrá sacar un crédito porque no cuenta con recibo de sueldo para justificar ingresos. Así, hasta que le toque jubilarse y no pueda hacerlo porque no tuvo los aportes. Ahí le dirán ‘págelos’. Es insincero llamarle modernización laboral, salvo que se refieran a llevarnos a la Edad Moderna”, continuó.
Finalmente, Vidal Oliver auguró “un diluvio de presentaciones de inconstitucionalidad. En la Constitución Nacional, el sistema de control constitucional es difuso, porque cualquier juez puede declarar la inconstitucionalidad de una Ley. Entonces, que vos pongas una norma por la cual los fallos de la Corte son obligatorios para los jueces del trabajo, ya es un despropósito. Porque no son obligatorios para nadie”.