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“En principio, queremos sustituir las 300 toneladas de importaciones chilenas”
En esta línea, manifestó que buscan “vender acá lo que necesitan. Me parece que está bueno y, de alguna manera, el mejillón es de acá. El consumo se da en el continente, en Buenos Aires y en el Barrio Chino”.
“Esta producción fue para un distribuidor de Buenos Aires. Entiendo que algo va para supermercados y luego, seguramente, irá al Barrio Chino”, narró.
Asimismo, expresó que “una parte de la producción se quedará en la provincia. Es fácil de sacar. Queremos encontrar una persona que lo distribuya y darle producto continuamente”.
Delamata entendió que “tenemos que ser muy cuidadosos con el medioambiente. Somos una empresa grande y no vamos a escaparle a esto. Es cierto que esto produce impacto visual. Lo que nos estimula es crear un laburo que actualmente no existe, para las generaciones venideras”.
Y explicó: “Lo que nosotros hacemos es proliferar los organismos que ya están vivos en el agua. Acá no podés poner fertilizante, un macho o una hembra mejor, ni nada. Se trabaja con lo que hay en los bancos. Provincias como Río Negro tiene los bancos diezmados y no puede llevar adelante la cría. Acá todavía no lo están”.
Sobre cómo se cosechan, precisó que pasan “una máquina que los tira en unos recipientes blancos. Estos se traen a una planta. De 100 kilos, rinde el 60%. Son moluscos bivalvos. Cuando los ponés en agua hirviendo, mueren, pero los envasamos antes de cocinarlos con la propia agua que traen. Se colocan en una marmita a 100 grados, por 2 o 3 minutos. Luego se sacan, se les pone agua fría y de ahí van a góndola”.
“Es algo que no existe acá. Nos hace falta mucha mano de obra diferente a la que tenemos. Cuando buscamos pescadores, tenemos de buques de altura, pero esto no es así”.
Respecto a las inversiones realizadas por la empresa, puso en valor: “alquilamos el espacio, contamos con módulos habitacionales para 16 personas; tenemos galpones para trabajar, grupos electrógenos y biodigestores para las cloacas. Es un desafío bien lindo”.
Al mismo tiempo, destacó que “hay muchos países interesados. Cuando yo trabajaba en Industria, peleaba con Buenos Aires, y me hablaban del impuestazo tecnológico. No era más que una barrera arancelaria para fortalecer la industria nacional. Los países suelen ser muy jodidos con la cuestión fitosanitaria. Para ingresar a los que comen estos, tenés que tener un estudio y una cantidad enorme de certificaciones sanitarias. Una vez que te prueban y te da bien, ya está, pero lleva tiempo”.
“La marea roja es una toxina que existe en el lugar, y prolifera por la falta de corriente o por el calor. Es paralizante. A partir de las 800 unidades, el Gobierno te dice que no podés cosechar y tenés que esperar”, culminó.