2026-04-15

Amenazas de atentados en escuelas

“No hay salud sin salud mental, ni salud integral sin un enfoque comunitario”

La funcionaria explicó el impacto de la violencia de la sociedad en las instituciones educativas, tras la aparición de grupos digitales que incitan a los jóvenes a atentar contra sus compañeros. Según Marcucci, el episodio de San Cristóbal, en el que un joven asesinó a un compañero en la escuela e hirió a otros, “no es un episodio aislado, es un fenómeno social que se da en un contexto histórico particular. Los niveles de violencia han aumentado exponencialmente. No es solamente en la escuela, ni es solamente de los adolescentes. Hay que marcarlo, porque si no empezamos a estigmatizar un lugar y un segmento”.

 

“No estamos hablando de una cuestión de juego, sino de anular al otro en lo físico y lo simbólico. Es parte del clima de la época. Se presenta en un momento en el que los discursos de odio afectan paulatinamente la forma en la que nos relacionamos”, alertó.

 

En este sentido, la facultativa expuso que “los discursos de odio deshumanizan algunas características de las personas, lo que genera prácticas de hostigamiento y el corrimiento de los límites. Hay cosas que pasan a estar habilitadas: puedo maltratarte, puedo lastimarte y, si quiero, borrarte. En nuestro país hay antecedentes muy graves. Lo que tendríamos que empezar a hacer es reflexionar el contexto en el que se da y en qué situación está la salud mental en nuestro país”.

 

Marcucci entendió que los adultos “tenemos una brecha generacional inmensa como para comprender qué sucede en los encuentros virtuales de los adolescentes. Lo que sucedió en San Cristóbal es un hecho disruptivo que nos lleva a pensar estas cosas. Nosotros comprendemos lo que la ley habilita y prohíbe, pero no alcanza. Es mucho más complejo. Quienes ocupamos distintos lugares como actores sociales tenemos una responsabilidad mayor”.

 

“Muchas veces tratamos de controlar lo que sucede, en vez de comprender lo que les pasa a las infancias y adolescencias”.

 

Sobre esto, consideró que “debemos pensar qué mundo les estamos ofreciendo. Lo que ocurre en la escuela es un fenómeno social. La Argentina atraviesa un momento muy violento, que no podemos desestimar. Es un factor fundamental a la hora de entender qué nos está pasando, cómo estamos acompañando y de qué manera podemos empezar a pensar otras estrategias para reforzar los vínculos con infancias y adolescencias”.

 

Respecto a la situación actual en materia de salud mental, la licenciada en Psicología explicó que “después de la pandemia todo se aceleró. Esta era una crisis que se venía desatando con anterioridad. La OMS venía marcando esto. Entre el 2005 y el 2015 planteó que el número de personas con depresión aumentó un 18% ¿Cómo impacta esto? Salimos de la pandemia y en 2023 asume un Gobierno con una clara impronta de anular el Estado. Todo esto generó un efecto dominó, generando un aumento del 105% del incremento de demandas de salud mental ambulatorias y de internación”.

 

“Las principales situaciones en salud mental son sobre el sector más vulnerable: infancias y adolescencias. Son vulnerables porque están sujetos a dinámicas que no dependen de ellos. Si no, no comprendemos de qué hablamos cuando hablamos de violencia en contextos educativos. Esto no está disociado del aumento del desempleo y de los altísimos costos de las prepagas. Todo cae sobre el sistema público, que ya venía saturado. Ahora, con un aumento de la demanda del 40%, no hay manera de contener todas estas problemáticas”, indicó.

 

“Esto es responsabilidad de todos los actores de la sociedad. Se buscan respuestas rápidas y fáciles frente a hechos complejos, y eso es responsabilizar y culpar. Siempre aparece un ‘principal responsable’, pero eso hace que ‘yo no tenga nada que ver’”.

 

“Estamos hablando de que un pibe de 15 años mató a uno en una escuela e hirió a otro. Hay vidas de una comunidad entera que fueron dañadas y tienen que construir sentido a raíz de lo que pasó. Nosotros ponemos la lupa sobre las adolescencias e infancias, pero tenemos que ver qué hacemos nosotros con estas herramientas tecnológicas, cómo nos informamos, cuáles son las fuentes y qué tiempo de calidad pasamos. Hay un clima de época. El desafío es no construir una respuesta rápida, porque lo que suelen hacer es culpabilizar a uno de los actores y quitarnos riqueza al análisis”, subrayó, en referencia al uso de redes sociales.

 

Además, Marcucci comentó que “muchos adultos ponemos límites para ejercer control, pero no para ejercer el cuidado necesario. Hay claves para ver de qué manera construimos una presencia que acompañe y sostenga los límites de cuidado. Por el lugar que ocupo hace muchos años, tengo la posibilidad de trabajar con la Justicia y el Poder Legislativo. Pensamos estrategias en las que se produzcan sinergias entre lo que se ejecuta y lo que se legisla. El año pasado dimos talleres de salud mental, ahí tenemos la oportunidad de tener dinámicas grupales en las que trabajamos con adolescencias”.

 

Por ello, consideró que “no podemos permitirnos, en este escenario en el que los pibes y pibas se están matando, no tomarnos el tiempo de frenar la pelota y dejar de naturalizar la crisis en la que vivimos. El Estado es importante. En la Argentina, en los últimos 15 años, se ejecutaron 50 programas de políticas de cuidado. Cuando uno puede tener una sociedad en la que los proyectos de vida se pueden construir, abonamos a la salud mental. Cuando estos se ven obstaculizados por cuestiones sociales, se deteriora la salud mental”.

 

De estas 50 políticas, hoy quedan 4 vigentes: la Asignación Universal por Hijo, la Asignación Universal por Embarazo, el programa Acompañar y el programa Potenciar. Los dos últimos, son programas totalmente desfinanciados. El impacto es prácticamente inexistente. Esas son las cuatro políticas de cuidado que quedan en Argentina. Fueron pensadas para garantizar inclusión social y equidad. Hay casi 3 millones de personas que dejaron de ser destinatarias”, continuó.

 

“La presencia del Estado es importante. Ese impacto se ve. No es sólo la retirada, sino que se fomenta, a través de los discursos de odio, que lo que se hace está bien; que está bien pegarles a los jubilados todos los miércoles en la puerta del Congreso o poner en discusión pensiones por discapacidad de más de 20 años en cuadros clínicos irreversibles”.

 

Por otro lado, la funcionaria municipal habló sobre qué espacios y medidas son necesarias para revertir esta situación: “Hablamos mucho de la contención. Se escucha muchísimo en la sociedad y en los políticos. Pero debemos aprender a sostener. Cuando podemos, hay un equilibrio entre lo que genera tensión. Requiere una interacción con el otro. Están rotos los lazos sociales, lo que genera un impacto directo en la salud mental de las adolescencias”.

 

Hay que abrir la escuela y ponerla en contexto es una alternativa. Acompañar a los equipos docentes y entender que tienen una sobrecarga emocional muy importante. Pensar en qué hacemos quienes ocupamos algún lugar en el sector público e involucrar al sector privado y a los formadores de opinión, como los medios de comunicación”, expresó.

 

Para cerrar, se refirió a las tribus digitales y a la falta de adultos referentes que permitan guiar a los jóvenes en sus proyectos y crisis: “¿Todo es válido para pertenecer? Las tribus existen, pero fomentan prácticas que los adultos vamos legitimando. La presencia y la escucha atenta son fundamentales. Es fundamental que existan adultos que puedan ser referencia. Que sean una posibilidad para los pibes o pibas cuando les esté pasando algo”.

 

“La referencia es necesaria. No tenemos adultos con quién hablar. Hay una necesidad enorme de buscar referencias ¿Qué mundo les ofrecemos? No como una cuestión abstracta, sino ¿de qué manera nos relacionamos?, ¿cómo decimos?”, culminó.

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