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Pruebas PISA

“El conocimiento es una materia prima fundamental para el desarrollo de las naciones y de los individuos”

En declaraciones a Mañanas Diferentes, por FM Espectáculo 93.1, Teo Saralegui, coordinador de Investigación e Incidencia Pública en Asociación Conciencia, habló sobre el resultado de las Pruebas PISA 2025 y analizó los desafíos que tiene la educación en Argentina, y el mundo, para revertir la tendencia negativa de los últimos años.

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“El conocimiento es una materia prima fundamental para el desarrollo de las naciones y de los individuos”

El docente explicó que “en todo el mundo han caído los resultados de las evaluaciones PISA en ciencia, en matemática y en lengua. Aproximadamente desde el 2012 hasta la fecha. Hubo una caída más pronunciada desde el 2022 hasta el 2026. Las evaluaciones PISA se toman cada 4 años. Se encarga la OCDE y las toma en 91 países. Lo que hacen es comparar cuánto saben los alumnos de 15 años respecto de conocimientos elementales y complejos en matemáticas, ciencias y literatura”.

 

Y, aunque la caída es global, advirtió que “Argentina tiene la particularidad de que desde hace muchos años se ha estancado en niveles muy bajos de aprendizaje. Hace 20 años Argentina era segunda o tercera en la región y hoy está octava. La caída ha sido progresiva: cada año está un poco más abajo en el ranking global y regional”.

 

“Es una tendencia global más pronunciada. Mientras todos los países de todos los sectores descendieron una categoría, Argentina estaba dos categorías más abajo y descendió una más”.

 

Saralegui expuso que “los estudios de desarrollo económico e individual dicen que la educación hace que el país tenga una economía más competitiva y capaz de insertarse de manera más productiva en el mundo. También hace que los individuos tengan mejor condición de vida. Se calcula que cada año de trayectoria educativa se traduce en un 8% más de ingresos en la persona. Que Argentina esté tan relegada en materia de aprendizaje es sumamente preocupante”.

 

“En Argentina, solo el 16% de los estudiantes lograron el nivel básico de las asignaturas. Mientras que, en los países de la OCDE, el 57% de los estudiantes logra ese nivel básico. El triple. En algunos países de la región, casi el 40%”, lamentó.

 

Al mismo tiempo, aclaró que “la variable más determinante para explicar las diferencias es el nivel socioeconómico de los estudiantes. En ciencias, mientras que el promedio de los estudiantes alcanzaba un nivel favorable del 71%, en el estrato más bajo es del 34%. La variable económica es determinante, pero también vemos países como Perú o Turquía, que tienen desarrollos económicos y problemas sociales complejos, que logran buenos resultados educativos. Es importante no pensar que únicamente el desarrollo económico de los países es la condición necesaria para que haya mejores resultados”.

 

No obstante, reconoció que “aun en este contexto económico y social, hay mucho para hacer. Hay cosas que se están haciendo y, en todo caso, otras se deben profundizar. Por ejemplo, los sistemas de alerta temprana que logran prevenir el desvinculamiento de los estudiantes. Lo que estos resultados muestran es la consecuencia de algo que le sucede a un gran porcentaje de estudiantes en el aula. La pregunta que deberíamos hacernos es qué es lo que no está sucediendo en el vínculo estudiante-escuela que hace que los aprendizajes no se generen”.

 

Sobre las dificultades que enfrenta el sistema educativo moderno, Saralegui mencionó que “la velocidad a la que hoy en día se manejan los celulares, y la capacidad de atención, chocan directamente con la cultura escolar. No fue pensada para microatención en velocidad Tik-Tok. Aprender requiere tiempo, paciencia y capacidad de sostener la atención en un texto, en una clase, una tarea o un ejercicio matemático”.

 

“¿Cómo la escuela va a lograr renegociar con este nuevo clima cultural que choca directamente con la forma de aprendizaje? La respuesta no tiene que ser adaptarse. Hay que lograr encontrar la vuelta para que esa atención se consolide”, enfatizó.

 

A su vez, entendió que “algo en lo que se puede trabajar es lograr prevenir las situaciones de desvinculamiento progresivo del estudiante. Argentina tiene porcentajes altísimos de ausentismo. Aproximadamente se pierden 30 días de clases por año por ausentismo de los estudiantes. Ninguna política educativa basada en aprendizaje se puede sostener si no está lo básico: que los estudiantes vayan a la escuela”.

 

También expuso que “Argentina duplica el porcentaje de impuntualidad de los estudiantes que el resto de los países de la OCDE. Ahí tenemos algo más terrenal y mucho más a nuestro alcance para empezar a revertir la crisis educativa. Empieza por las escuelas, pensando cómo poner a las familias como una institución que esté en sintonía con los objetivos de la escuela”.

 

“Algo que sale en las evaluaciones Aprender es cómo cambian los resultados según el acompañamiento más cercano o lejano de los padres. Son cuestiones concretas como preguntarles cómo les fue en la escuela, ir a reuniones de padres o firmarles el cuaderno de comunicaciones. Son cosas que empiezan por la casa y tienen consecuencias directas en los resultados de aprendizajes de los estudiantes”, narró.

 

El referente de Asociación Conciencia indicó que “hay una crisis de atención que se puede gestionar. Existen capitales culturales de diverso tipo, como tener libros en el hogar o tener padres que hayan alcanzado el nivel universitario o ir a museos, y un montón de actividades intangibles que permiten que haya estudiantes a los que les vaya mejor en la escuela. La atención también debe ser vista como un capital y como algo que se puede trabajar en la escuela y se debe trabajar en las familias”.

 

Y agregó: “Los países que mejores resultados tienen son aquellos en los que hay mayor consenso social respecto de la importancia de la educación y el respeto. Hay un componente muy fuerte. Por eso los países con porcentajes de resultados más sofisticados son los más ordenados en ese sentido. Países asiáticos en los que el respeto y la disciplina en el aula no se discute, por ejemplo”.

 

Consultado por su opinión respecto a la prohibición del uso de celulares en las aulas, Saralegui aseveró que “hay que tener cuidado con importar recetas de manera automática, porque la realidad del sistema argentino es muy heterogénea. Es más complejo que ‘prohibición total o no prohibición’. Cuando el celular no está reglamentado y no hay un criterio único termina siendo muy disruptivo. Hay estudios muy interesantes sobre cómo el celular, aun estando en la mochila o el bolsillo, sigue siendo un factor de distracción muy importante”.

 

Por elevación, se refirió a la influencia de la IA en la tendencia negativa de las pruebas y brindó los resultados del Informe PISA en esta materia: “Se les preguntaron cuatro cosas vinculadas a la IA, si la usaban y con qué frecuencia: para resumir un texto, para redactar un texto, para ayudarlo a aprender o para hacer una investigación preliminar. Si era casi nunca, algunas veces por mes o todos los días”.

 

“Cuando la usaban para resumir un texto, los resultados bajaban muchísimo. Pasaban de un promedio de 500 puntos a uno de 470. Si le pedían que redacten textos, pasaban de 510 a 480. Pero, cuando les pedían usar la IA para investigar un tema preliminar nuevo con mucha frecuencia, los resultados subían un poco. Tenían mayores resultados cuando la usaban como herramienta para aprender. Cuando delegás la capacidad cognitiva en la IA, los resultados bajan”, detalló.

 

A esto sumó: “En marzo hicimos un relevamiento a más de mil docentes de más de 700 escuelas de todo el país, junto con el Observatorio de Deuda Social de la UCA. Fuimos a preguntarles por los problemas de la escuela secundaria para tener una mirada estadística desde el territorio. Los dos temas que más salieron en todas las escuelas eran el ausentismo, como principal problema, y la falta de motivación”

 

“Cuando logramos pensar propuestas educativas que despierten el interés, hay algo que cambia en esa motivación. Uno de los componentes es pensar contenidos y propuestas que logren congeniar profundidad y una pedagogía que despierte el interés”.

 

No obstante, recordó que estas acciones que buscan potenciar el compromiso e interés de los estudiantes, “que desde la pedagogía están probadas porque generan aprendizajes significativos, demandan tiempo de planificación y de trabajo colaborativo. Ese tiempo profesional demanda presupuesto. No todas las respuestas son presupuestarias, pero sí hay temas que lo son”.

 

Para cerrar, comentó: “Se sabe que hay estudiantes que necesitan un acompañamiento personalizado, porque las familias no pueden estar cerca o son hijos de mamás solteras, en esos casos están rediseñando la figura del preceptor para que, teniendo en cuenta la digitalización de muchas de sus tareas y la caída de la matrícula, por la caída de la natalidad, pueda ejercer de manera profesional la tarea de acompañamiento personalizado para los estudiantes con riesgo de abandono o de desvinculación progresiva”.

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