Travesía al Cabo de Hornos
“Hubo un día en el que debimos remar 65 kilómetros, con olas de 2 metros”
Linares puso en valor el mensaje que transmitieron con la expedición: “La carga social vino de la mano de querer trascender esto más allá de tres kayakistas. No somos nosotros solos los que remamos. Yo crucé el Cabo de Hornos, pero quería que todos se sientan parte”.
“Yo tengo un hijo con autismo; Walter tiene un chiquito allegado que tiene cáncer y la pelea hace años; la Fundación Espera por la Vida siempre difunde el trasplante de médula; Javi tiene un alumno que falleció por leucemia. Por eso queríamos hacer parte a la comunidad, y compartirlo”, destacó.
Además hicieron “un tributo al pueblo Yagán. Las aguas que remamos, las navegaron ellos. Nos pusimos en contacto con un referente de la comunidad en Puerto Williams, porque íbamos a navegar esa zona. Fuimos recibidos con los brazos abiertos. La aceptación y la llegada nos tocó el corazón. Fue muy lindo compartir esto con el resto de la comunidad”.
Y agregó: “Rescato lo que fue el grupo humano que formamos. No éramos sólo tres kayakistas, sino que hubo un médico, un marino, un camarógrafo que documentó ocho horas. Además, el capitán de barco Serendipias nos supo llevar y sacó lo mejor de todos nosotros en las dinámicas del barco y los tiempos de remo”.
“Llegar al Cabo de Hornos fue una locura. El lugar tiene una energía y una mística muy poderosa”.
Sobre el sismo, Linares manifestó que “si bien fue un condimento muy loco, lo malo fue que debimos salir muy rápido, porque cuando cruzamos el Cabo de Hornos, mientras íbamos llegando, ocurrió el sismo. Sentimos la preocupación de la gente, y fue re lindo. El mar nos permitía estar un tiempito más, por lo que nos quedó gusto a poco. No fue negativo, sino que dejó ese sabor a poco”.
“Remábamos con ballenas, lobos marinos, pingüinos, petreles de todo tipo. Vimos la fauna típica de un documental de la tele. Aparte de eso, estaban los desafíos de cada día”, relató.
Sobre el día en el que remaron más de 60 kilómetros, narró: “Entrenando remábamos 30 kilómetros, que era la distancia que hay entre punta guanaco en el sudeste de la isla Navarino, a Cabo Roche. Ese lugar nos preocupaba, porque es mar abierto, con corrientes y olas. Como veníamos con un día menos, mirando una ventana de tiempo que teníamos justo, el capitán la noche anterior nos dijo ‘muchachos, estiremos al máximo posible la remada’”.
“Había que hacer 50 kilómetros. Nosotros le dijimos que era muy ambicioso, sobre todo en mar abierto. Teníamos viento a favor, por eso dijimos ‘vamos a meterle’. Salimos con las linternas frontales, siguiendo al barco. Empezamos a remar y a remar, hasta que a los 20 kilómetros a Walter se le rompió el timón. Se subió al barco, con el bote, y seguimos con Javier”, siguió.
Linares precisó que “eran olas de 2 metros y medio a favor, por lo que barrenamos, surfeamos y demás. Llegamos a la bahía en la que íbamos a fondear. Los chicos iban adelante, y Javi dice ‘cuánto más vamos a remar’, y el capitán nos avisó que habíamos remado 65 kilómetros. Fueron 8 horas y 45 minutos”.
Sobre los futuros desafíos, el Kayakista aseveró que siguen “procesando lo que pasó. Fue una experiencia intensa, con una inercia muy grande. Hoy la vara está muy alta. Fuimos al Cabo de Hornos. Hasta que nazca algo que motive, prefiero no pensar y que fluya. Así como nació esta experiencia, espero que nazca alguna otra. Son cosas que se sienten en los huesos”.
“Estamos invitados para el Día de los Océanos, el 8 de junio. Daremos una charla. Ahora comenzamos con el trabajo de edición del documental”, cerró.