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Pasivos ambientales

“No podía haber una cesión de activos sin hacerse cargo del daño ambiental generado”

Así lo expresó el asesor ambiental de Terra Ignis, Sergio Federovisky, en relación a la remediación de pasivos ambientales para convertirlos en parte del diseño del nuevo esquema productivo. "Hay dos maneras de abordar la cuestión ambiental: la de los eslóganes o la de resolver los problemas”, planteó.

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“No podía haber una cesión de activos sin hacerse cargo del daño ambiental generado”

Esa definición implicó modificar la lógica de la negociación por la cesión de áreas, incorporando el impacto ambiental acumulado como parte central de la discusión. Esto supuso desplazar el foco desde la continuidad de la operación hacia una mirada más amplia, que incluye las consecuencias de la actividad en el tiempo. En ese sentido, sostuvo que “no podía haber una cesión de activos sin hacerse cargo del daño ambiental generado”, y remarcó que cuando la variable ambiental se integra al proceso, “lo que cambia es el modelo, no solo la operación”.

Para sostener esa posición, Terra Ignis desarrolló un relevamiento técnico integral en territorio que permitió identificar y clasificar los pasivos ambientales existentes en las áreas hidrocarburíferas. El diagnóstico incluyó residuos de distinta naturaleza —materiales de perforación, chatarra, biopilas— con niveles de impacto diversos. Sin embargo, el punto central fue poder traducir ese problema en términos económicos, incorporándolo a la lógica de la negociación.

En ese sentido, Federovisky explicó que el trabajo permitió ir más allá de la identificación: “no solo identificamos los pasivos, también los valorizamos”, lo que implicó “calcular cuánto cuesta remediarlos”. Esta cuantificación permitió modificar el alcance de la discusión, ya que “cuando uno puede ponerle un valor económico al daño, la discusión cambia completamente”.

A partir de ese instrumento, se estructuró un acuerdo que incluyó una compensación económica destinada a la remediación, además del compromiso de cierre de 107 pozos y la intervención sobre pasivos específicos.

El relevamiento también dejó en evidencia una limitación más profunda: la ausencia de infraestructura adecuada para la gestión de residuos petroleros en la provincia. Esta situación no solo condicionó históricamente las prácticas de la industria, sino que limitó las posibilidades reales de implementar soluciones sostenibles. En ese marco, Federovisky señaló que “no alcanza con tratar los residuos”, porque en algún momento “hay que disponerlos”, y si ese
circuito no está resuelto, las soluciones quedan incompletas.

Desde esa lógica, muchas de las prácticas del pasado encuentran una explicación estructural: “si no hay un lugar donde llevar los residuos, la tendencia es esconderlos o dejarlos donde están”.

Frente a este escenario, Terra Ignis avanzó en el diseño de un sistema que busca cerrar el circuito ambiental de la actividad, con la creación de un relleno de seguridad para la disposición final de residuos petroleros. Se trata de una infraestructura que, según explicó, “garantiza que no haya filtraciones ni contaminación del entorno” y que, al mismo tiempo, modifica las condiciones de control: “las empresas ya no van a poder decir que no tienen dónde disponer los residuos”.

El esquema incorpora además una dimensión que amplía el alcance de la política ambiental, integrándola dentro del desarrollo económico de la actividad. Lejos de plantear la remediación como un costo aislado, el modelo la incorpora como una instancia productiva con capacidad de generar valor. En ese sentido, Federovisky sostuvo que “es una inversión ambiental, pero también una actividad económica”, ya que el sistema permitirá gestionar tanto los
pasivos existentes como los residuos futuros.

Este enfoque introduce una lógica proyectiva, donde la mejora ambiental se articula con nuevas oportunidades de desarrollo. “Se está generando una mejora ambiental y al mismo tiempo un nuevo negocio para la provincia”, explicó.

En ese marco, la puesta en marcha de Terra Ignis no solo redefine la gestión de los pasivos, sino también el lugar del ambiente dentro del sistema energético. Como síntesis del cambio en curso, Federovisky sostuvo que “el daño ambiental no puede ser parte del sistema”.

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