Baja de la natalidad
“El descenso de la fecundidad adolescente desde el 2011 hasta ahora fue casi del 80%”
La doctoranda en demografía e investigadora de la Universidad Nacional de Tierra del Fuego, Julieta López, habló con Mañanas Diferentes, por FM Espectáculo 93.1, sobre la caída de la tasa de natalidad y reflexionó sobre las decisiones que deberían impulsarse desde el Estado frente al cambio en la pirámide poblacional.
Según López “hubo una serie de políticas que acompañaron el proceso. El descenso de la fecundidad adolescente desde el 2011 hasta ahora fue casi del 80%. Es más fuerte que en el resto del país. Es un dato relevante y positivo, porque en general se asocia a embarazos no deseados, no planificados y a la dificultad de acceso a las primeras consultas ginecológicas. La edad de la madre es una primera mirada que nos dice mucho”.
Asimismo, consideró que “es una buena noticia. Siempre es difícil establecer una causalidad directa. Es cierto que, evidentemente, se acompaña. Son políticas y baterías de decisiones que han acompañado este descenso. Se expresa en todas las edades, pero en distintas proporciones. En las mujeres mayores de 30 fue mucho menor que en mujeres de 15 a 19 o de 20 a 24 años. Una hipótesis posible podría ser el retraso al primer hijo. No es lo mismo que el inicio de la maternidad sea a los 20 años que a los 30”.
“Es interesante ver cómo cambian la morfología de las familias conforme desciende la fecundidad, y el estilo de vida frente a las expectativas de criar un hijos o el tiempo dedicado a eso. Está super vinculado a la inserción laboral de la mujer y las condiciones del hogar y la familia en la que vive. Era muy común que las mujeres, al tener hijos pequeños, interrumpieran sus trayectorias laborales y luego ingresaran nuevamente al mercado de trabajo. Hoy la perspectiva es otra. Tampoco es tan fácil dejar de trabajar 6 o 7 años y volver. Eso tiene un costo”, señaló.
Al mismo tiempo, advirtió que “en términos de fecundidad, una pregunta desde una mirada no tan optimista tiene que ver con qué medida de padres, madres o parejas quieren tener un hijo, pero por cuestiones materiales no lo concretan. Está el deseo, pero evalúan que no están dadas las condiciones. Los hijos son proyectos a largo plazo, pero las características de inserción del mercado de trabajo nos dificultan proyectarnos en el largo plazo”.
Consultada por la reconfiguración de las políticas públicas frente a estas variaciones demográficas, López explicó que “las últimas proyecciones muestran que habrá un crecimiento mucho más lento que el que acostumbramos. Entre los 80 y 90 en adelante la provincia tuvo tasas de crecimiento elevadísimas. Algo positivo de que este crecimiento será muy bajito y paulatino es que no vamos a tener problemas de matrícula o dificultad de cobertura escolar. Tendremos aulas, docentes y más recursos para menos chicos. La pregunta es cómo lo vamos a usar y a reorganizar el sistema educativo”.
“También impactará en el sistema de salud, porque no es lo mismo tener más niños que más adultos mayores. Aparece la pregunta por el sistema de jubilaciones y cómo con generaciones cada vez más pequeñas sostendremos a generaciones de adultos mayores más abultadas. Sobre todo, en un contexto en el que aumenta la esperanza de vida. Hay mucho para hacer. Es un buen momento para revisar y prever esta nueva morfología de la población para pensar alternativas y otras formas de sostener a las futuras generaciones”, detalló.
Otro interrogante es “cómo vamos a mejorar la supervivencia de quiénes nacen, que se expresa en la efectividad demográfica: no perder niños, niñas y jóvenes. Cuando se pierde población joven se expresa en muchos más años de vida perdidos y afecta directamente la esperanza de vida al nacer. Son menos niños y niñas, entonces no pueden faltar vacunas, ni tratamientos para prematuros. Hay que reforzar la supervivencia de quienes sí nacieron”.
“Argentina y Uruguay fueron los primeros países en controlar la fecundidad. De alguna forma llevamos la delantera en eso. Luego, se fue estancando. En los 2000 hubo un repunte de los nacimientos. Después, empezó un ciclo de descenso sostenido. Hasta el 2010 la pregunta en demografía en Argentina era qué pasó que se estancó el descenso”, recordó.
A esto sumó que “la teoría de fondo establecía que habría un momento a partir del cual se reducía tanto la fecundidad que entraríamos en una segunda transición demográfica, con ciclos muy bajos en los que las poblaciones se mantendrían con crecimientos muy reducidos. Prácticamente se reemplazan unas personas con otras, pero sin mucha variación. Se supone que la población tiende a eso. Puede repuntar, pero una vez que las poblaciones que controlan su fecundidad entran en ciclos de crecimientos bajos y estables”.
Para cerrar, aseguró que “no es para preocuparse. Es cierto que fue más acelerada. Tampoco se puede intervenir en decisiones que forman parte del ámbito privado. En demografía uno describe lo que sucede y, en función de eso, se toman decisiones para acarrear lo que sabemos que va a pasar”.
“Es más problemático el crecimiento repentino de la población que el descenso. Por otro lado, en la provincia fue muy importante el aporte de la migración. Empiezan a tener más relevancias los estudios migratorios y sus impactos en el crecimiento y las características de las poblaciones”.
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